Hace más de 160 años, un tal Charles Darwin tuvo la brillante idea de teorizar sobre la selección natural. En su momento, aquello parecía revolucionario: los organismos se adaptarían a su entorno, y solo los más aptos sobrevivirían. Era un concepto sólido, lógico, casi poético. Pero, si el buen Darwin pudiera asomarse hoy a ver en lo que nos hemos convertido, probablemente querría pedirle un reembolso a la naturaleza.
Porque, seamos sinceros, la evolución no nos llevó a un mundo de mentes brillantes y civilizaciones avanzadas. No. Nos trajo hasta una sociedad donde los humanos han logrado cosas asombrosas como desafiar su propia supervivencia por el simple placer de ganar «likes». Es decir, el Homo sapiens pasó de cazar mamuts a grabarse comiendo detergente como si fuera un manjar de la alta cocina.
La selección natural debía hacer su trabajo, eliminando a los menos aptos. Pero, al parecer, ha decidido tomarse unas largas vacaciones, porque aquí seguimos, con millones de personas creyendo que la Tierra es plana porque lo vieron en un video de tres minutos. La información es más accesible que nunca, pero la ignorancia es más popular que un reality show de gente discutiendo sobre cosas irrelevantes.
Y no solo eso, sino que la evolución ahora nos ha dado una subespecie: el Homo sapiens digitalis. Un ser cuya existencia depende de la validación en redes sociales, cuya capacidad de atención ha sido reducida a los diez segundos que dura un video antes de deslizar el dedo al siguiente. Esta nueva especie no mide su supervivencia en términos de adaptabilidad, sino en la cantidad de seguidores que tiene o en cuántos desafíos absurdos puede completar sin morir en el intento.
La selección natural ha sido sustituida por la selección viral, donde los genes importan menos que la cantidad de «me gusta» en un video de alguien cayéndose de una escalera. Mientras tanto, la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, lo que plantea una pregunta aterradora: ¿y si la próxima fase de la evolución humana no incluye humanos? Porque si lo mejor que podemos ofrecer como especie es un influencer vendiendo una «píldora detox» milagrosa, tal vez el universo ya esté buscando un reemplazo.
Entonces, ¿es demasiado tarde para arreglar esto? No sé ustedes, pero cuando el avance más grande de la civilización es la invención de un termo con Bluetooth, quizá deberíamos replantearnos la dirección de la evolución. Porque, si Darwin tuviera que actualizar su teoría hoy, probablemente la llamaría «La supervivencia del más ridículo». Y, visto lo visto, tendría razón.