Últimos

Castrinho, ¿otra vez arroz …. a la gallega?

Ay, ay, ay…¿qué hiciste ahora, Luciano? Porque equivocarse es humano, pero equivocarse en modo internacional ya es otra nivel. No es que uno no pueda mandarse una macana; el tema es hacerlo con tanta convicción que termina pareciendo una gira promocional de una nueva novela. Luciano no se equivoca en silencio: lo hace con una batería de murga acompañada de una cuerda completa de lubolos atrás.

 

La situación, en escueto resumen, es este repetido ciclo: Castro en pareja, Castro desliz, Castro exposición, Castro tratando de explicar lo inexplicable con cara de “esto se me fue un poco de las manos”. Nada nuevo bajo el sol. Lo verdaderamente novedoso fue cómo decidió comunicarse. Porque cuando parecía que el conflicto era sentimental, apareció el verdadero protagonista: el idioma.

 

Luciano, en un acto de valentía, o en un momento de pérdida total de verguenza, optó por comunicarse en un español de España medio forzado, mezclado con acento latino, salpicado de expresiones que no son de acá ni de allá. Un castellano con jet lag ibérico. El famoso “hola, guapa” dicho por alguien que normalmente diría “bo, todo bien”. Y ahí la cosa se fue de las manos.

 

El problema no fue lo que dijo, sino cómo sonó. Sonó a argentino actuando de madrileño, pero sin pasaporte emocional, sonó a galán de telenovela doblada en Galicia, sonó a alguien que pensó que cambiando el acento también cambiaba la situación. Pero no.

 

Y claro, internet hizo lo suyo. Memes, imitaciones, chistes, gente practicando frente al espejo el “vale, cariño” con tonada porteña, otros sumándole un “pois” o un “obrigado” como para completar el delirio. Porque cuando mezclás español de España con alma latinoamericana y le tirás un poco de portugués por arriba, lo que obtenés no es seducción: es material humorístico.

 

Mientras tanto, Luciano intenta bajar el volumen, cerrar comentarios, poner cara de introspección profunda y seguir adelante como si nada, mientras alrededor giran opiniones, recuerdos del pasado y esa sensación incómoda de que todo esto ya lo vimos, solo que ahora con subtítulos mal traducidos, mas situaciones de engaños, mensajes, meu Deus.

 

Al final, la enseñanza es clara: podés pedir perdón, podés callar, podés explicar…pero nunca subestimes el poder del acento equivocado. Porque una mala decisión emocional se perdona; una mezcla rara de idiomas, no.

 

Yo me despido tranquilo, tomando un mate imaginario, pensando que la vida ya es bastante complicada como para encima pedir disculpas en un portuñol casero. Así que nada, Luciano, la vida sigue. Capaz que conviene enfocarse un poco más en el curro actoral, que eso siempre paga mejor que andar improvisando idiomas. Cualquier cosa, rezale a Deus, y si algún día voce quiere falar, fala conmigo. No porque yo pueda darte consejiños, pero al menos nos divertimo’ un poquiño mezclando idiomas, diciendo cualquier coisa y tomando alguna birriña, que para eso sí somos bilingues.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EVERCLAN Hosting empresarial