No podía quedarme atrás y tuve que subirme al tren de los therians, no porque me identifique con un
animal, sino porque tengo que hablar de ellos. Porque cuando en la Plaza Independencia de Montevideo
uno ve a un “centenar” de gurises con máscaras de perro, gato, lobo, zorros y monos, uno no pregunta por
qué, sino hasta cuándo.
Sí, señoras y señores: los therians, esos jóvenes que caminan a cuatro patas llegaron al Uruguay y no
vinieron de turismo. Se reunieron en pleno centro de Montevideo, en lo que algunos describen como un
“encuentro espiritual” y otros como una actuación de un circo experimental.
Ahora bien: ustedes se preguntarán, yo también lo hice, qué carajo es un therian, no es un híbrido entre T-
Rex y unicornio, aunque algunas de esas máscaras vendrían bien para una película de bajo presupuesto.
Un therian, según algunas definiciones académicas online de periodistas que ya se hartaron de explicar
esto, es una persona que siente una conexión espiritual o psicológica con un animal no humano y decide
expresarla públicamente con accesorios, imitando sus marchas y reacciones. Ellos explican,
espiritualmente, que su alma se siente más animal que humana. Y ahí uno se pregunta: ¿Esto es identidad?
¿Es espiritualidad? ¿O es TikTok haciendo de las suyas otra vez?
Porque, vamos a ser sinceros: cuando veo a un gurí saltando y ladrando en la Plaza Independencia, me
quedo con la misma duda que cuando veo un meme de madrugada: ¿es arte, o simplemente estamos
siendo testigos de un fenómeno cultural que pronto generará su propia línea de productos? ¿Remeras con
orejas? ¿Tazas con narices de lobo? Porque si hay algo que ya sabemos, el capitalismo y los
emprendedores nunca duermen, ni siquiera ante lo bizarro.
Y aunque respeto profundamente la libertad de cada quien para expresarse como se le cante el rabo (nunca
mejor dicho), no puedo evitar sentir que vivimos en la era en que sentirse parte animal es casi más normal
que decir “me gusta el mate amargo”.
Como si esto fuera poco, el fenómeno no es exclusivamente uruguayo. Parece que en el resto del mundo
también están lidiando con lo mismo: hay debates sobre quién es más therian que el otro, discusiones
académicas sobre si caminar a cuatro patas es una expresión espiritual o simplemente un buen ejercicio
cardio, y miles de vídeos virales que ya deben estar en el catálogo de lo surreal.
Al final, creo que los therians son una mezcla perfecta de: identidad juvenil, expresión lúdica, y un
fenómeno cultural que nos obliga a reír.
Así que no, no me subí al tren porque tenga garras o cola, sino porque estos fenómenos son el mejor
espejo de nuestra época: un mundo donde ser humano a secas ya no alcanza. Y mientras algunos se
indignan, otros se visten de lobo y se toman selfies en la plaza.
Bienvenidos al zoológico 2.0.
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