Aires del más allá

En esta casa no creemos en fantasmas. Somos gente seria. Racional. Moderna. Gente que actualiza el software del celular y que sabe que los sustos no vienen con sábana, sino con subas del dólar, de la UTE, OSE, cortes de WiFi, o series canceladas.

Y sin embargo.

Una noche cualquiera, como quien no quiere la cosa, un cuadro decidió que estaba harto de estar colgado. Dramáticamente. Justo mientras dormía. Ni viento, ni temblor, ni animales acróbatas. Nada. Lo ignoré, claro. Soy escéptico. De los que piensan que la vida no es una película de terror…salvo cuando sube la cuenta de la UTE.

Pero la cosa siguió.

La noche siguiente, el aire acondicionado decidió prenderse solo. Así, sin consultarme. Como si tuviera autonomía, o personalidad, se encendió en plena madrugada, como si mi descanso le importara un comino. Se apagó solo también. Tal vez pensó que era suficiente perturbación por una noche. O tal vez solo quería marcar territorio.

Los días posteriores fueron dignos de una película titulada: “El Aire que Sabía Demasiado”. Prendido, apagado. Prendido otra vez. Apagado. A veces por mí. A veces por él. Un duelo de voluntades entre un humano cansado y un electrodoméstico con tendencias paranormales.

Lo dejé pasar. Porque repito: no creo en esas cosas.

Pero después se prendió solo tres veces más, en pleno día. Como si no le bastara con las noches. Como si dijera: “¿Y si lo volvemos loco también de tarde?”

Finalmente, tomé una decisión que combinó ciencia, superstición y sentido común: desenchufé el aire acondicionado.

Y desde entonces…silencio. Nada más cayó. Nada más se prendió. Todo volvió a una quietud incómoda. Una paz que no parece real. Una calma que, si soy honesto, me pone más nervioso que el cuadro suicida.

¿Moraleja? Claro que no. Pero hay preguntas:

¿Y si los espíritus no mueven cortinas, sino control remoto?, ¿Y si el otro lado no necesita médiums, sino señal de WiFi?, ¿Y si el escepticismo no alcanza cuando los electrodomésticos tienen libre albedrío?

Mientras tanto, por las dudas, cada vez que paso cerca del enchufe, que me acuesto a dormir, miro de costado al aire por las dudas. Y con las ganas de dormir con el control remoto bajo la almohada aunque esté desenchufado. Porque una cosa es no creer, y otra muy distinta es no respetar.

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