Hay fechas que arrastran siglos de historia, y el Día de San Patricio parece, a primer golpe de vista, una de ellas. Sin embargo, en la práctica, se ha convertido en algo mucho más honesto y menos glorioso: una excusa socialmente aceptada para hacer lo que probablemente ya se venía haciendo, pero sin el peso de la culpa.
La figura de San Patricio queda, en este contexto, reducido a un símbolo funcional. Importa poco su historia, su rol religioso o su vínculo con Irlanda y el cristianismo. Lo verdaderamente relevante es lo que habilita, …. básicamente, a una suspensión temporal de lo que se considere bien o mal, una especie de perdón colectivo donde el exceso deja de ser exceso y pasa a ser “tradición”.
En ese contexto aparece uno de los fenómenos más interesantes de la jornada: la validación de la irracionalidad. Los duendes, figuras claramente ajenas a cualquier doctrina religiosa, no solo son aceptados, sino celebrados. No importa su origen pagano ni su desconexión con el motivo “oficial” del día, por lo menos en los textos oficiales no se nombra a Dios, Jesús, el hijo, el espíritu santo, ni a los apóstoles rodeados de ellos. Su presencia no se cuestiona, y en esa incorporación hay algo más profundo que una simple decoración temática. Porque en el Día de San Patricio la realidad se hace flexible, no porque alguien lo haya decretado, sino porque todos participan del mismo juego irracional. Es el momento en que ciertas afirmaciones que en otro momento generarían incomodidad o sospecha, pasan a ser parte del paisaje.
El Día de San Patricio no perdura por su coherencia, sino por su utilidad. No por lo que representa en términos históricos, sino por lo que permite en términos humanos. En un mundo que exige explicaciones constantes, certezas y versiones pulidas de la realidad, ofrecer una jornada donde todo eso se relaja tiene un valor difícil de ignorar. Al final, más que una celebración, es un permiso. Un permiso que nadie pidió, pero que todos parecen entender, y en ese entendimiento colectivo, entre cerveza, verde y duendes, se construye una de las formas más sinceras de escaparse de la realidad por un rato.
Salud.
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