Siete meses perdidos en el espacio y nadie se dio cuenta

Tres astronautas chinos pasaron siete meses atrapados en una estación espacial porque la nave que debía traerlos de regreso terminó siendo utilizada por otros astronautas chinos que también estaban atrapados por culpa de otra nave china que aparentemente había decidido convertirse en chatarra espacial antes de tiempo.

Una situación que, de haber ocurrido en otro lugar del planeta, probablemente habría generado películas, series, especiales periodísticos, podcasts, análisis geopolíticos y al menos tres documentales narrados por una voz grave que diría cosas como: «La humanidad contenía la respiración…», y todo con una música melancólica de fondo que haría llorar hasta al más duro.

Pero no. La historia existió. Fue real. Tres personas quedaron involucradas en una compleja situación orbital donde una nave dañada obligó a reorganizar misiones, intercambiar vehículos de retorno y enviar nuevas cápsulas para garantizar el regreso seguro de las tripulaciones.

Y sin embargo, para buena parte del mundo occidental, la noticia pasó por debajo del radar con la elegancia de una piedra lanzada al océano.

Si usted está leyendo esto y piensa: «¿Cómo que hubo astronautas chinos varados durante meses y yo no me enteré?», bienvenido al club, parece que somos varios.

Imaginemos por un momento que la situación hubiera involucrado astronautas estadounidenses. Durante siete meses habríamos visto conexiones en vivo, entrevistas con familiares, especialistas explicando la situación con gráficos tridimensionales, una banda sonora emotiva y titulares diarios anunciando que la humanidad seguía pendiente de sus héroes espaciales. Sin ir muy lejos, recordemos la misión que llevó a 3 estadounidenses a dar la vuelta a la luna, misión que duró poco y nada, que parecía ser la segunda parte de Armageddon, sin Bruce Willis claro, y todo porque eran de occidente, y la maquinaria audiovisual funcionaba a la perfección.

Pero eran chinos, y las noticias que vienen de Oriente suelen viajar con una visibilidad curiosamente reducida. Salvo, claro, cuando Oriente puede ser presentado como la amenaza de turno. Porque ahí sí aparece en primera plana. Cuando se trata de competencia tecnológica, expansión económica, tensiones militares o advertencias sobre el futuro del orden mundial, Oriente ocupa portadas, debates televisivos y columnas de opinión. De repente, cada detalle parece crucial para la supervivencia de la civilización.

Pero cuando tres seres humanos pasan más de doscientos días orbitando la Tierra en una situación extraordinaria, el interés parece evaporarse con notable rapidez. Da la impresión de que Occidente mira hacia Oriente principalmente cuando necesita un villano, una amenaza o un recordatorio de que existe un supuesto equilibrio mundial que, casualmente, fue diseñado a imagen y semejanza de Occidente, mientras las historias humanas quedan relegadas a los márgenes.

Tal vez exista también otro factor menos elegante y bastante más incómodo de admitir. Occidente lleva décadas observando a Oriente a través de una lente simplificadora que convierte millones de rostros distintos en una categoría única.

Y acá viene una pregunta incómoda para el lector. ¿Está completamente seguro de que podría reconocer a esos tres astronautas si le mostraran sus fotografías? Antes de responder, piense en algo más cotidiano. Piense en el álbum Panini del Mundial 2026. Sí, ese mismo que muchos están completando. ¿Nunca le pasó abrir un sobre, encontrarse con la foto de un futbolista oriental y decir automáticamente: «A este ya lo tengo»

Entonces busca la figurita repetida, compara las imágenes y descubre que no era el mismo jugador….era otro. Seguramente si a estos tres astronautas chinos los diagramamos en formato figurita, lo primero que digamos también sea “a ese ya lo tengo”. Nos gusta creer que estamos libres de prejuicios culturales, pero a veces nuestra capacidad para distinguir rostros se vuelve sospechosamente selectiva.

Quizás por eso la historia de estos astronautas resultó tan fácil de ignorar. En algún rincón poco elegante de nuestro cerebro, terminan convirtiéndose en una sola categoría llamada «astronautas chinos». Como si fueran intercambiables. Como si las personas pudieran resumirse en una nacionalidad. Como si tres individuos que pasaron más de siete meses en el espacio fueran menos interesantes que la última polémica protagonizada por algún influencer que cambió su foto de perfil.

La ironía es que esos astronautas probablemente observaron la Tierra desde cientos de kilómetros de altura durante meses y vieron algo que nosotros parecemos olvidar constantemente: desde allá arriba no existen Oriente y Occidente. No existen los bloques geopolíticos, no existen los algoritmos, no existen los titulares. Solo existe un planeta lleno de personas que creen estar muy informadas porque tienen acceso a toda la información del mundo.

Y aún así pueden pasar siete meses sin enterarse de que tres seres humanos siguen dando vueltas sobre sus cabezas esperando volver a casa.

 

Así que si quiere informarse un poco más de las misiones Shenzhou acá va un resumen:

Shenzhou 20: Chen Dong, Chen Zhongrui, Wang Jie. Sufrió daños por un presunto impacto de basura espacial en su cápsula de retorno, provocando la primera gran emergencia del programa tripulado chino.

Shenzhou 21: Zhang Lu, Wu Fei, Zhang Hongzhang. Tuvo que extender su estadía y finalmente regresó utilizando la cápsula enviada por la misión 22.

Shenzhou 22: Sin tripulación (misión de contingencia), utilizada como vehículo de retorno para la misión 21.

Shenzhou 23: Zhu Yangzhu, Zhang Zhiyuan, Lai Ka-ying, actualmente en órbita. Podría marcar el primer año continuo en órbita para un astronauta chino si se concreta el plan anunciado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EVERCLAN Hosting empresarial